Le hemos visto a la poesía perder las comillas, al fuego quemarse con tu mirada y al amor caer rendido al suelo después de tantos golpes.
En este ring parece que solo pelea tu orgullo contra tu miedo mientras yo sangro en una esquina y no tengo más arma que las ganas.
Del yo ya te quiero al yo ya no quiero que vuelvas no pueden haber solo dos dudas y tres miedos de más. No me lo creo.
No me hiciste ni puto caso cuando te dije que te quitaras los zapatos antes de entrar a mi vida y ahora lo tengo todo lleno de barro.
A ver quien limpia este desastre.
Parece que un cirujano barato con el pulso tembloroso me cosió a la vida y se me están rompiendo las costuras a cada paso que doy. A cada cariño que le cojo a la misma maldita piedra.
Al menos, tengo la certeza de que el mundo no se acaba. Y el pinchazo de que nosotros, en cambio, sí. Y no sabes como duele.
Pero mira, esto es una preciosa cama.
Y esto un cuchillo.
O nos atamos a lo primero.
O nos matamos con lo segundo.
Tu eliges.

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