Sí, someto mi cuerpo a bofetadas de emociones que sacuden mis miedos. Pero si aceptara una vida programada y estática, viviría en la muerte.
Cuando el tren parte contigo dentro, una parte de mi se suicida en las vías. Ahora quien me agarra de la mano es la soledad. Le pido que me suelte pero se limita a secarme las lágrimas.
- ¿Qué quieres de mi?
- Hacerte más llevadero este momento
- No sabes cuanto te odio...
Vivo añorando momentos, carícias, susurros, miradas...
Pasan las semanas y sigo en las vías. Los trenes pasan por encima de mi una y otra vez. Mi vida se estancó en una estación, donde mi felicidad aparece siempre con un billete de vuelta.
Vuelves al sitio donde me viste morir. Me incorporo, me sacudo el polvo y antes de ir a tus brazos la soledad me pregunta:
- ¿Quieres que te de un consejo?
- Sí
- No aceptes consejos de nadie.
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