De poco sirvió, rápidamente se deshizo. Tanta presión le pasó factura.
En ese momento decidí hacer un cambio en mi vida.
La gente me preguntaba, ¿Tomas algo para ser feliz? Sí, decisiones.
Y de eso se trata la vida.
Un maniquí siempre sueña con huir del escaparate y vestir a su manera, sin modas ni estándares. Lo que él no sabe, es que aquí fuera, todos deseamos vestir como él.
Y así de absurda es la vida. Nos pasamos los días queriendo ser maniquís, adaptándonos a esta basta e hipócrita sociedad, siendo la copia barata de los demás.

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