Sí, tú, mujer rebelde


Volamos sin dudas, con fuego en la mirada y un libro de poesía en el bolso. 

Solemos llorar hasta secarnos, hasta que las lágrimas se evaporan con la rabia de la decepción. Entonces es cuando nos entran las mismas ganas pero ya de que lloréis vosotros.

Nos gusta ponernos minifalda para que el viento dibuje en nuestra piel la palabra Libertad.

Utilizamos cuchillo y tenedor para abrir la piel y predecir así vuestras mentiras y besos en labios ajenos.

Que si no os escupimos en la cara es porque sabemos que la vida, por suerte, lo hará mejor. Que a veces llevamos en la espalda más puñaladas que besos y eso no debería ser así.

Hemos aprendido a hablarle a la cara al miedo, sin chaleco antibalas y a escupirle a la ansiedad que nos ahoga cada mañana con la almohada.

Ponemos cada día sobre la mesa el mundo para comérnoslo y hacer de nuestras vidas la mayor de las aventuras jamás contada. 

Sabemos que nos comerán de nuevo, nos pondremos las botas follando, andaremos descalzas, en camiseta ancha y pelo despeinado. Creeremos una vez más en la vida eterna y el amor insaciable y en medio del vuelo caeremos a disparos mientras las oscuras golondrinas volverán, sí, pero para sacarnos los ojos.

Aún así, seguiremos salvajes. Aunque no os guste, aunque os moleste. 

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