Fíjate en las estrellas como parpadean y te observan con incredulidad. Vives en la tensa inmovilidad de la espera mientras la vida te adelanta por la izquierda.
La soledad te prepara cada mañana el desayuno mientras hace balance del número de fracasos.
Recapacita. Cambia.
Recapacita. Cambia.
Empieza a pedir guerra a la gente que te da paz. Disfruta de lo efímero como un beso, desayunar pizza, correrse, una estrella fugaz o los "parasiempre" que se escriben en las cartas de amor.
Sacar belleza del absurdo caos es la mayor virtud que puedes tener. No cures las cicatrices con la arena que te encuentras al despertar sola en la cama. Cúralas con "te quieros" bajo las sábanas, miradas inocentes, corazones a punto de estallar, noches de secretos y cosquillas que acaban en besos.
Créeme, haz que regresen esos perfectos hoyuelos a tus mejillas.
Quizá sería mejor aceptar la intermitencia de la felicidad, la caducidad del paraíso y agradecer que estés aquí y ahora, leyendo esto.
Qué más da si la vida te seguirá arañando las pupilas. Simplemente limítate a alimentar esa sed de vivir.






